jueves, 15 de octubre de 2015

CULPAS, Benjamín A. Araujo Mondragón

C U L P A S


Benjamín A. Araujo M.

Elévate, vuela, esfúmate: sal de ese hoyo en que te has escondido, le dijo su mujer a Marco Aurelio, cuando despertó.
Marco Aurelio tenía dos años con ese mal. Una suerte de sordera y un ensordecedor ruido interno que le provocaba fuerte jaquecas. Dolores de cabeza insoportables. Y una necesidad de estar solo y a oscuras, porque hasta el más mínimo rayo de luz le molestaba.
Irene era su quinta mujer. Las cuatro anteriores lo habían dejado por causas diversas. Pero en el fondo era sólo una la razón: su carácter irascible. Su impaciencia. Sus dolores y males que fueron aumentando conforme la edad crecía.
Marco Aurelio tenía 60 años. Había llegado a la llamada tercera edad, con trabajos; en su rostro se notaba el peso de los años, pero sobre todo las marcas de la culpabilidad. Culposo era porque años atrás había peleado con sus padres por la herencia.
Primero, le soportaron. Pero conforme pasó el tiempo y creció la intensidad de las broncas, le enfrentaron. No obstante él se salió con la suya, en parte, y les despojó cuando menos de la mitad de su fortuna. Precaria fortuna hecha con el esfuerzo y paciencia de ambos. Él, como contador, ella como secretaria de prominentes políticos. Marco Aurelio era ambicioso. Lo aprendió de su madre. 
Marco Aurelio se levantó del lecho. Abrazó a su mujer y llorando le pidió le tuviera más paciencia. Irene había sido la mar de entregada a su marido. Y era la fiel imagen de que no había quinta mala. Los hijos de Marco le habían reconocido a ella que se entregó a su padre, con cuerpo y alma. Sobre todo ésto último, pues era con sus actos un ejemplo de piadosa serenidad y calma. Ellos reconocían que, por encima de su madre biológica, habían logrado todos una mujer maternal con la presencia de Irene.
Ya de pié. Marco pidió a Irene le indicara a dónde irían. Al médico, dijo ella. "Hoy es tu cita".
Marco Aurelio fue quedándose solo. Peleó con sus hermanas y hemanos por las mismas razones por las que había reñido con sus padres. Hasta no soportar tener a un pariente cerca. 
El psiquiatra le describió su situación, claramente psicosomática: "Estás pagando tus culpas; y mientras no te perdones, no habrá remedio posible ni medicina que te cure", dijo enfático.
Marco Aurelio no se perdonó. Se castigó los últimos años de su vida y fue, ciertamente rico pero imposibilitado para gozar de su fortuna. 

viernes, 9 de octubre de 2015

SONETO A LAS PROMESAS, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

S O N E T O
A LAS PROMESAS

Escribo sobre tu piel mi extrañamiento.
Tengo en la mente tu cuerpo y lo penetro.
Todo, por cierto, es sólo juramento
y sucede que no puedo ir nunca a tu encuentro.
En tus ojos de cielo, el firmamento
se vuelve tempestades y promesas
y mis ansias muy locas en aumento
porque ya no me juras y encabezas
todo trato carnal, si no regreso
porque este amor vive un deceso
grosero y tempestuoso de lamentos
que son un fuerte y claro peso
porque yo deseo vivos sentimientos
de amor a tu lubricidad; dices: ¿qué es eso?

martes, 6 de octubre de 2015

SALTO MORTAL, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

Mortal salto hemos dado hacia el recuerdo;
mortal salto y ahora ¡¡¡ya no concuerdo!!!

viernes, 18 de septiembre de 2015

LA NOCHE, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

LA NOCHE
Sobre la yema de los dedos
se sostiene la noche
aérea y enorme.
Carlos Pellicer



Pasada la tarea, cotidiana y doméstica,
llega a posarse en los hombros, la noche
simple y negra, ruda pero relajada;
no admite réplicas: es plena y nunca vana.

Tiene grises los ojos, las manos flacas,
la sonrisa tranquila, muy cansada la pose
y hay fuerza en su mirada, sutil y clara.

La noche espera todo, pero anida en nada;
clama por los finales, pide recuentos.
Asoma a hacer cual flores, esperanzas,
promete amaneceres, carga placeres;
oculta impaciencias y nunca desespera.

Espacio palpitante, de una sed insaciable,
goza con el declive de los días y sus seres,
nunca se adelanta, puntual, fina, sencilla:
abre sus puertas para que todo quepa;
oculta crímenes, acosa a incansables;
no le teme a las predicciones y adelanta
finales indecisos o plenitudes invisibles.

Es la noche un trozo de silencios embozados,
un espacio para el ladrar de perros escondidos,
una casa en ruinas y un collar de horas, para
contar en sueños y abrazar en pesadillas.


Pasada la tarea, cotidiana y doméstica,
llega a posarse en los hombros, la noche
simple y negra, ruda pero relajada;
no admite réplicas: es plena y nunca vana.

Tiene grises los ojos, las manos flacas,
la sonrisa tranquila, muy cansada la pose
y hay fuerza en su mirada, sutil y clara.

La noche espera todo, pero anida en nada;
clama por los finales, pide recuentos.
Asoma a hacer cual flores, esperanzas,
promete amaneceres, carga placeres;
oculta impaciencias y nunca desespera.

Espacio palpitante, de una sed insaciable,
goza con el declive de los días y sus seres,
nunca se adelanta, puntual, fina, sencilla:
abre sus puertas para que todo quepa;
oculta crímenes, acosa a incansables;
no le teme a las predicciones y adelanta
finales indecisos o plenitudes invisibles.

Es la noche un trozo de silencios embozados,
un espacio para el ladrar de perros escondidos,
una casa en ruinas y un collar de horas, para

contar en sueños y abrazar en pesadillas.

lunes, 14 de septiembre de 2015

MARCA FÚNEBRE, Benjamín Araujo M.

MARCA FÚNEBRE
 
Muerto de tu yazgo en la sombra tumba,
recuerdo el ataúd de tus desdenes,
la corona de flores de tus cartas.

Lóbrego como soy desde que eres,
lánguido salgo siempre si te miro.

Vives y eso me mata.
Sonríes y eso me entierra
hondo en las cavidades
oscuras, turgentes,
de tu mirada que no me ve,
me cruza, me atraviesa,
me transparenta;
fantasma soy por ti.

jueves, 10 de septiembre de 2015

AMÁOS, Benjamín Adolfo Araujo M.

AMÁOS

El dictado fue directo y preciso:
Jesús dijo "Amaos los unos a los otros...",
pero no se entendió o no quisieron oir;
por el contrario vino guerra tras guerra
como si el dictado hubiera sido:
"destrosáos unos a otros; acabad con
el mundo; hacedlo trizas, destrozad..."
La naturaleza humana es terriblemente
contradictoria: la voluntad te dicta
"Ve por el bien" pero el Dinero endiosado
enchueca los dictados del corazón y
apetece sangre, destrozos y muerte...
No venimos en pos de guerra sino de
amor, dijeron en los sesentas los hippies
y lograron escandalizar a todo el orbe
por sus atuendos y sus costumbres pero
pocos, muy pocos, vieron el fondo del
discurso que traía mensaje pacífico
fruto de loa guerra de Viet Nam...
Ahora todos los pueblos del mundo
son víctimas del poder del dólar
y de la compra-venta de armas y
el hambre se ensoñerea por todos
los territorios y mucha gente ve
con terror las migraciones en pos
de pan y de paz; en pos de amor
y de una hermandad ajena a sus
terrenos natales; pero no ven
o acaso no quieren ver que en 
sus miradas habita la soledad.
Habita el miedo en todos y no
podemos negarlo por la turbia
mirada que enceguece nuestras
almas y nuestros corazones...