viernes, 23 de mayo de 2014

CONCEBIDA EN TOLUCA, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

CONCEBIDA EN TOLUCA

Benjamín A. Araujo Mondragón. *

Eva, la segunda hija de Richard Wagner con Cosima von Bülow, fue concebida en Toluca, en 1866, en viaje de un mes que fuera auspiciado económicamente por Luis II de Baviera así como por la reiterada invitación de la poderosa colonia germana asentada en esos lares de México.

A Toluca viajaron los tres, padre, madre e Isolda, hermana mayor de Eva, nacida apenas un año antes, en 1865, justamente mientras Richard iniciara los ensayos de su célebre ópera , Tristán e Isolda, de ahí el nombre puesto a la niña.

Por cierto que la pareja europea asistió en Toluca a la corrida de Mariano González “La Monja” realizada el 2 de septiembre de ese año con toros de Santín, hacienda que desde 1836, treinta años antes, había comenzado a estructurar la presencia de ganado de lidia, tal y como lo afirma el propio José Julio Barbabosa en sus “Memorias”. Por cierto fue la familia Barbabosa, ligada a los germanos Roth y Graf, quien auspició la aventura excéntrica del toreo para Cosima y Richard.

Fue en ese lugar donde se dio un incidente que marcó la visita de esta ilustre familia europea a tierras toluqueñas. Estando precisamente en la corrida de La Monja, a Richard le invitaron a que probara “Los Mosquitos”, una bebida local de prestigio allende las montañas del Las Cruces, de dulzor marcado y empalagoso y de efectos inmediatos de disposición de fiesta; pero resulta que a Wagner no sólo le gustó sino que le fascinó esa bebida y ello provocó que armara gran lío en la placita de toros, dispuesta para esa ocasión.

No llegó a mayores el asunto, más allá de gritos y estentóreas risotadas del gran compositor y músico, ya en ese momento con una fama de corte internacional.

Fue precisamente esa noche, ya asentados y reposando en la cama, que Eva fue concebida pasionalmente por Cosima y Richard; por lo que no exageraríamos si dijéramos “la segunda hija de Wagner es hija de los Mosquitos toluqueños”.

Esa experiencia habría de danzar muchos años después en la cabeza del compositor pues pretendió, dado el impacto que le causó la representación en el ruedo, componer una pieza con la historia de una corrida, sin lograrlo. Pero en el fondo de la intención era homenajear la concepción de Eva.

Asevero que Eva fue concebida en Toluca pues nació en junio de 1867, ya en tierras alemanas, justamente nueve meses después del largo mes en que los dos estuvieron asentados en esa ciudad mexicana.

Cabe recordar que Cosima fue la segunda pareja de Wagner, pues él contrajo nupcias inicialmente con la actriz Minna Planet; y él conoció a Cosima Francesca Gaetana, hija ilégítima de Franz Liszt, el inolvidable húngaro, considerado ya desde la tercera década del siglo XIX como un gran maestro de la música europea, puesto que fue Franz precisamente quien como autor de Don Sanche, ou Le Château d’amour marcó la pauta de la música europea desde el inicio del siglo XIX.

Por cierto que Cosima era hija de una de las amantes de Liszt,  Marie d’Agoult, condesa de Flavigny, de la cual nació su hija Cosima, futura esposa del director de orquesta Hans von Bülow primero, y de Richard Wagner después.

De modo que si Richard empezó a tener tratos con Cosima aún casado con Minna, lo mismo puede decirse de ella todavía matrimoniada con Hans quien, contra todo pronóstico, todavía dirigió unas piezas de Wagner con su orquesta en plena etapa del amasiato del autor con su esposa.

La fascinación de Luis II de Baviera por nuestro compositor no tenía límite, al grado que la nobleza de la época protestara airadamente por la situación en que se veía envuelto el noble jerarca frecuentemente por los caprichos de Richard.

La infancia de Wagner se vio influida por su padrastro Ludwig Geyer, actor, pintor y poeta, que suscitó en el niño, nacido en Leipzig,  su temprano entusiasmo por toda manifestación artística. La literatura, además de la música, fue desde el principio su gran pasión, pero el conocimiento de Weber y, sobre todo, el descubrimiento de la Sinfonía núm. 9 de Beethoven lo orientaron definitivamente hacia el cultivo del arte de los sonidos, aunque sin abandonar por ello su vocación literaria, que le permitiría escribir sus propios libretos operísticos. No obstante, también esa relación suscitó en Richard su antisemitismo, pues luego de saber que su verdadero padre fue Carl Friedrich Wagner y que Ludwig era judío, se suscitaron en él sentimientos encontrados que devinieron en su aberración antijudia.

El industrial cervecero de este período fue Santiago Graf, quien en 1875 adquirió la Cervecería Toluca y México, fundada diez años antes por el suizo Agustín Marendaz. Pero ya en aquellos momentos era próspero e importante en la incipiente sociedad toluqueña pues marcaba las modas y gustos culturales del momento dada su formación y ascendiente social.
Graf inició la producción de una cerveza de mayor calidad tipo ale. Pocos años después instaló maquinaria moderna para fabricar hielo, y en 1882 importó equipos alemanes que le permitieron elaborar la primer cerveza lager mexicana: la Toluca lager.

La mayoría de la cerveza se vendía embotellada, y casi toda la malta era importada desde Alemania y los Estados Unidos con excepción de dos cervecerías, La Toluca y La Perla, quienes fabricaban su propia malta.
Regio Aguilar junto con Cleto Castro fueron los guías de esa familia europea por la ciudad, en plena época del reinado de Maximiliano de Habsburgo que terminó trágicamente en Querétaro.

De ese modo los Wagner descubrieron cómo en la Toluca de ese tiempo las mujeres indias y mestizas servían a las "niñas" ricas, permaneciendo a su lado para cuidarlas y atenderlas en todo la necesario, para que ellas solamente se ocuparan de las tareas propias de su clase. Eran labores de su clase: bordar, coser, pasear por las alamedas e instruirse en la religión católica.

La señorita Teresa Pliego y Verrío, dueña de varios ranchos, invitó a los Wagner a visitar su rancho de la Virgen que estaba a las orillas de la Ciudad. Estando ya en él Richard se emocionó pues había un piano de cola. Y de inmediato se puso a tocar fragmentos de su obra con piezas sumamente importantes como el Drama Rienzi, El holandés errante y Tannhäuser; así como Lohengrin,  Los maestros cantores de Nüremberg y El anillo de los nibelungos.


El improvisado concierto fue todo un acontecimiento que habría de ser conservado en las memorias familiares de la familia Pliego de tanta importancia durante generaciones en Toluca. 

MUY JUNTOS, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

Pongo la mano fría en tu piel,
siento tu rostro junto a mi cara;
veo cómo el frío intenso llega
más allá de tu dermis y un claro
gesto pinta tu rostro con leve,
muy leve, malestar; ambos
sabemos que el amor hoy nos une:
pese a todo y contra todo,
hemos batallado sin naufragar
y en nuestro delirio amoroso
arrastramos polen de bondad
que llega a todo el entorno.

No es para siempre, no,
pero aprovechemos:
hagamos del momento
un mundo nuevo
y olvidemos todos
los males que nos aquejan
y han aquejado;
brindemos con amor
por esta dicha efímera
que parece un trozo
una probada de eternidad.

lunes, 19 de mayo de 2014

POCIÓN PARA INICIAR EL AÑO, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

Tómese un kilo de mal humor;
póngalo al viento, hasta que se disipe por completo.
Enseguida traiga a su alma un suspiro
y coloca un poco de buena música en su alma,
revuelva todo en un batido de sonrisas
y aplíquelo, cada mañana, sin césar
a quien vea. Tome una pastilla de cariño
para aplicarla en todo momento sobre sus seres queridos
y resbale como quien no quiere la cosa sobre sus enemigos
o supuestos enemigos; frótela delicadamente sobre esas gentes
y repártela asimismo a las personas que pasan
aunque no sean conocidas.
Haga ese ejercicio todos los días. 
Cuidando no olvidarle nunca
y así tendrá un año redondo.
Y sonría, sonría, sonría...

lunes, 12 de mayo de 2014

OTOÑO, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

¡Otoño!, preàmbulo del final;
premoniciòn del ser para invernar,
a costa de los recuerdos...

Otoño: crisis del clima;
ya no es, pero tampoco està;
adolescencia de los meses que hibernan.

Otoño: vientos alicios atracan en mis confines,
las canas crecen y se van;
viene el viento y se estaciona.

HERMANDAD, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

Jamás la mano enemiga ha de sufrir venganza,
nunca hemos de emigrar a territorios vacíos,
no comulgo yo contigo pero te tiendo la mano
y logro darte paz y dicha con una franca sonrisa.
Hermanos del dolor, hermanados por la dicha;
no temblemos al pensar que vendrán huracanados
los tiempos de la desdicha y del malestar conjunto
hagamos preces de acción con nuestra labor.

jueves, 24 de abril de 2014

RINCÓN DE OBSIDIANA, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón



RINCÓN DE OBSIDIANA

Estoy en el rincón de mi memoria,
escarbo con cuidado y nada encuentro;
quiero tener aquí las sensaciones
de cuándo te encontré y pude amarte;
pero no puedo, algo me lo impide,
una obsesión por brillar mi pensamiento,
una ansia por pelear contra el olvido.
Un deseo de vivir, así sea de recuerdos,
dulces momentos, sensaciones efímeras
pero duraderas que, no obstante,
se esconden como ratas en la cueva del olvido
como queriendo recrear otros momentos…
los de hoy, los de mañana, los de hace un rato:
para que parezca un gato boca arriba,
jugueteando con prisa contra el olvido.

miércoles, 23 de abril de 2014

CÓMO ME HICE ESCRITOR, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

CÓMO ME HICE ESCRITOR

Benjamín A. Araujo M.


El proceso de mi inspiración puede ser tan simple como esto: de niño, acaso tendría yo ocho o nueve años tuve la oportunidad de conocer a un poeta de mi tierra, Toluca, Heriberto Enríquez.
Él tenía alrededor de 70 años y yo la edad mencionada. ¿Por qué lo conocí? En la casa de mi abuela paterna, la misma casa en donde nació mi padre, ubicada en Toluca, capital del estado de México, en la calle de Lerdo de Tejada –en una época 48, luego 424-, muchos domingos asistían a la comida dominical dos escritores mexicanos que luego supe tendrían importante peso en las letras nacionales y regionales, respectivamente: Don Ernesto de la Peña y el profesor Heriberto Enríquez, este último por cierto autor del Himno al Estado de México.
Don Ernesto era oriundo de la capital. El maestro Enríquez, toluqueño. Enriquitos, que era como se le conocía habitualmente entre los toluqueños, quizá por su bonhomía y su carácter. Haberlo conocido en las tertulias dominicales en la casa de mi abuela Dolores Iniesta viuda de Araujo, me marcó. Su charla con constantes acotaciones literarias me incitó a las letras. Y ello hizo que yo pidiera a mi padres, Guadalupe y Adolfo, como hijo mayor que yo fui –de siete hijos-, permiso para visitar al poeta, profesor Enríquez, quien vivía a dos cuadras de la casa.
Si yo terminaba mis tareas escolares –que esa era la condición impuesta por mis padres-, tenía permiso automático para visitar al vate unas dos horas o máxime dos horas y media. Ello ocurría unas dos veces por semana; y así fue durante largos cuatro años.
En ese tiempo logré conocer tempranamente a los autores que acaso hubiera conocido después, como así fue más tarde. Tenía yo, ahora lo valoro, a un maestro de lujo, dado que él había sido profesor tanto en el Instituto Científico y Literario de Toluca, como en la Normal de Señoritas. Por sólo citar dos planteles de alto nivel escolar en la región. Por cierto que sospecho por qué Heriberto Enríquez iba a casa de mi abuela. Mi abuelo, Rafael Araujo Espinoza, fue destacado maestro del Instituto, tan es así que aún hoy en día una calle lleva su nombre en mi ciudad de origen.
De ese modo pude conocer a detalle a Miguel de Cervantes Saavedra, a Dante Alighieri, a Petrarca, a Garcilaso de la Vega, a Juan Boscán, a Fernando de Herrera; lo mismo que a autores nativos contemporáneos como Zúñiga o Josué Mirlo. U otros autores mexicanos de renombre como Sor Juana Inés de la Cruz, Gorostiza, Nervo, Pellicer y muchos otros.
Esa didáctica tan incidental y afortunada me llevó a convertirme, paulatinamente, en un lector empedernido, por la vía más directa y genial: el placer.