jueves, 23 de agosto de 2012

ENTRA LA AURORA


Aquí está la señora,
la guapa de los antros
mirando de soslayo
a la clientela ebria;
aquí está la guapa de la noche,
con olor a cerveza y a perfume de noche,
con olor a sexo mal cumplido
y perfume de astros que chocan
por las noches…

Aquí está la señora,
mirando hacia los lados,
sin que nadie se atreva
a parar ese baile…

Aquí están los balazos,
los tiros de la noche,
con olor a cadáver
y a venganza de luna
creciente con sospecha
y con celos…

Aquí está la señora,
la guapa de los amaneceres
más linda que de noche
abriendo las cortinas
de este nuevo día;
como diciendo:
aquí no ha pasado nada,
sólo pasó la vida…

jueves, 16 de agosto de 2012

AMARGURA



AMARGURA, (A Miguel Hernández)


AMARGURA
Fuera menos penado, si no fuera
nardo tu tez para mi vista, nardo,
cardo tu piel para mi tacto, cardo,
tuera tu voz para mi oído, tuera.
Miguel Hernández
Tu temprana extinción, clama,
Miguel, contra la desmemoria
y pide justicia, paz y más poesía…

Tu temprana extinción,
huele a cardo y sabe a tuera
porque no hay canción
viéndote yerto y fuera.

Pero dentro de ti, sólo veo
vida, mucha vida por poros
y ventanas, miro y oteo
para recoger a paladas de tus letras
sólo densidad, dolor y oro,
¡¡¡mucho oro!!!

Oro diseminado en voces vivas,
Miguel, siempre vivas;
Vivas por siempre…

Vemos en tus huellas ejemplo,
paz y guerra; paz y fraternidad
para los hermanos; y guerra,
mucha guerra contra la injusticia…  

“Vine con un dolor de cuchillada,
Me esperaba un cuchillo a mi venida,
me dieron a mamar leche de tuera,
zumo de espada loca y homicida,
y al sol el ojo abrí por vez primera
y lo que vi primero era una herida
y una desgracia era.”
Miguel Hernández



Tus “acertijos” iniciales.
Como les llamó Gerardo Diego
a tus poemas, te hicieron una
“perita en dulce” de la poesía
de tu época…

Tus endecasílabos gongorianos
iban, desde temprano,
a hacerte ver como eras:
un real, auténtico poeta …

Como bien lo pudo comprobar
Josefina, tu musa, tu única musa,
con quien engendraste dos Migueles…

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios,
y son mis manos sin las tuyas varios
intratables espinos a manojos..
Miguel Hernández
Ibas a ser, Miguel, con plena justicia
hijo dilecto de tu patria chica,
Orihuela…

Ibas a honrar, con virtud y sin sevicia
hijo dilecto de las letras
y de la prosa que te vuela…

Honrarías siempre a España,
aunque de las manos de la derecha
sólo encontrarías guadaña
finalmente…

Benjamín A. Araujo Mondragón
México.

domingo, 12 de agosto de 2012

ANÓNIMO UNO




Por el camino umbroso aprendió a ser 
huella,

sin paso, sin peso, ni rostro.


Por los caminos llanos se confundió

con el olor de la yerba

hasta llamarse pasto.


Nunca supo qué es siempre,

ni probó del fracaso dulzón

de la palabra "mientras".


Así murió. en una fecha sin nombre,

sin día, sin número;

y ahora es recuerdo.


Benjamín A. Araujo M.
(derechos reservados)
Publicado en el libro
Frontera interior

sábado, 28 de julio de 2012

S U B I R


Cuando camino, tropiezo;
vuelvo a intentar caminar,
y caigo;
lo intento, lo intento, lo intento,
pero algo indefinido me detiene:
algo pasa,
me digo,
algo serio sucede...
¿será que apenas tengo
seis meses de nacido?
Sólo que sea por eso...


miércoles, 25 de julio de 2012

TORMENTA ENAMORADA




A medianoche me busqué; y trasquilé dentro mi almohoada,
y no había nada en esa noche, y no encontre ni tu mirada.


La soledad ya me envolvía ahí,
como enquistado en triste almohada
y no miré ya para atrás
para no verme en tu mirada.


Toda la noche interpreté mil sueños de alcoba
en tu cuerpo de ausencias y pesadillas;
pero sólo me vi y no logré ni masticar
un poco tus curvas en la almohada.


Busqué por doquier y no encontré,
miré si veía tu torso en la ventana,
atisbé con cuidado a la montaña
pero todo era perverso silencio...
en la mañana...


Y por buscarté no encontré,
ni mi sombra mancillada,
por tus recuerdos penetré
y el dolor vino a mi mirada...


Sólo con llanto desperté
para cubrirte de extrañamientos,
sólo con llantos mastiqué
ya tus recuerdos por la ventana.


Todo era lluvia ese ayer,
en que hurgué por tus memorias
pero en mi mente no vivías
sólo morías, en la tormenta enamorada.