martes, 2 de julio de 2013

Amaneceres (II y III), BENJAMÍN A. Araujo M.

AMANECERES II

Tanto miro hacia atrás, cuando respiro
en el papel palabras, que el presente
es ayer, y es hoy, al renombrarlo.

Miro atrás lo que fuimos, en los que
ya se fueron; que entiendo que no
somos, ahora, sino huellas de
aquellos que fundaron el ser,
seres simiente, de nuestros
procederes, profecías del presente,
desgracias del mañana, apagones
de luz, oscuridad futura, desde
las luminosidades de nuestros
ayeres.

Escondrijo de luces, la herencia;
claves de luz y sombra,
los ancestros visitan nuestro ser
desde la sangre; provocan
vivencias, malestares, odios
pendientes y reciprocidades.

Amaneces siempre nuevos,
amaneceres, siempre nuevos,
 los viejos nos visitan, cadena
de invasiones, perversiones
y alucinaciones, desde una
memoria fatal, que nos ha
sido vedada por los dioses.




AMANECERES III


Costumbre del olvido, caducidad ingente,
memoria de otros tiempos, nuestros
que fueron, en los amaneceres de otra gente.

La fiebre de los tiempos, en espacios diversos,
en la espesura de los tiempos mana memoria
olvidada de guerras y vigilias: silencios.

Acallar nuestras voces, contra natura,
buscar entre los genes canciones ya ofrendadas;
fechas y nombres de lugares y personas cancelados.

El instante es la mueca de Dios regalada a
los hombres; puede llamarse verso, poema,
sonata o pincelazo…magnético silencio.

La lluvia es homenaje a la luz, otro hipase
de la humanidad ahíta de soledad
y miedo por lo que es perenne promesa.

En la memoria sosegada de las vigilias
colectivas, la transparencia cobra fervor,
se hace fe y sueña lo impreciso.

Destino de los náufragos, la aurora.
Negación de los límites humanos, la duda.
Fervor por otros pasos, la inocencia es muralla.

Serenidad para la hipnosis colectiva,
sólo el arte, génesis teísta, deidad
conversa en humanidad, caricia…

Transparencia letal, la vigilia eterna,
sobredosis de abigarrado optimismo,
parentela de las transfiguraciones.

La dicha es primordial, sin la mentira,
sólo caben los besos del paisaje
en este ojo, siempre fiel a la delicia.

Pájaros perdidos, BENJAMÍN A. ARAUJO M.

Pájaros perdidos

Pájaros perdidos de verano vienen a mi ventana, cantan,
y se van volando.
Y hojas amarillas de otoño, que no saben cantar,
aletean y caen en ella, en un suspiro.
Rabindranath Tagore
La vida es un suspiro,
llega, corre y se aleja.
Todo pasa tan de pronto
que hasta la dicha pasa
como con alas en fuga
tras del viento…

Tu risa es un suspiro y pronto
la he de tener en una jaula,
la jaula de mis besos y mi amor
que enloquece mientras pasa
el verano como ráfaga…

Tanto quise tenerte en mi mirada
que sueño con tus ojos, con tu cara,
con tu risa, tu voz y tu sonrisa.
Pero todo es fugaz como la dicha
y no hay un mecanismo para detenerla
sino el pensamiento inmenso
y la ronca paz de tus suspiros.

Vuela, vuela, paloma con tu prisa.
Vuela: dile a la nube que venga
y te acompañe; vamos los tres
a ser un triunvirato eterno
en este momento tan fugaz
que escurre como agua…

lunes, 1 de julio de 2013

REITERADA ORACIÓN

He pedido al cielo,
muchas veces, 
ay, ay, ay,
muchas veces,
que la guerra termine
hermanos contra hermanos
pueblos contra pueblos
tirios y troyanos...
Pero el cielo parece no entender mis ruegos
pues nada decide en pro de la paz;
y el mensaje, es cierto, parece cual
boomerang
reiterar al origen de mis ruegos píos:
¡¡¡Háganlo ustedes mismos,
pónganse en paz;
acaben las guerras,
amen entre sí...y no odien
jamás...!!!

NOCHE QUIETA, Duncan Lamont

domingo, 23 de junio de 2013

MI POETA DE CABECERA, Benjamín A. Araujo Mondragón



MI POETA DE CABECERA


Eres tú, Pablo,
el poeta que alimenta mis ensueños,
que logra dar azúcar al mar salado
de la realidad cotidiana;
eres tú, Pablo,
tú Neftalí, amigo,
confidente,
poeta de cabecera...

Apareces en todo momento,
eres la conciencia universal
de los habitantes del planeta
desde el siglo XX
que te parió...

Apareces a la menor provocación,
a golpe de latigazos de la vida
curas nuestras heridas
poco a poco,
como un enfermero
que está seguro
muy seguro
de que lo que escribió
es una medicina
más que suficiente,
mágica,
pluricurativa;
se llama poesía,
Pablo,
Neftalí,
hermano sempiterno
de los habitantes de este siglo XXI.


lunes, 10 de junio de 2013

MORBIDEZ, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

Honda la cara de verte;
verde el mirar de advertirte;
amplias las manos
por en el gozo tenerte;
hasta buscarnos ufanos
en ese día de la muerte.

A veces creo presentirte,
otras no puedo mirarte;
busco y no estoy:
este desastre es muy fuerte
por amanecer, ya, hoy,
con la certeza de muerte.

Bronca vida, amor celeste;
nacer con estrella en frente;
todo siempre es claroscuro
porque la vida es la muerte
aunque todo sea impuro
y todo ser disolvente.

Campiñas miro yo al verte;
camposantos al perderte;
llanos y lomas si duermo,
ajeno a que he de perderte
en este existir enfermo
que amar y eternecerse.

Doblado frente a la muerte
declaro amar el perderte,
pues llego al haz relativo:
la luz por siempre sonriente,
sustantivo es adjetivo
y un pronombre suficiente.

SILENCIO, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón

Cuánto tiempo había tardado para poder acallar aquél ruido que taladraba su cerebro. Era imposible precisarlo. Los parámetros con los cuales nos hemos acostumbrado a medir todo se pierden en situaciones irregulares. Y aquella lo era, sin duda alguna.

Por eso cuando regresó a aquél agujero de donde nunca debió haber salido, pudo tomar algunas notas, garrapatear ciertos detalles, pero omitió, porque no había de otra, toda referencia a tiempo, clima y ciertas dimensiones espaciales.

Pocos podían haber sobrevivido a aquella experiencia. Era como haber sido enterrado en vida. Como quedar confinado en un apando existencial que no parecía tener el menor futuro; pero además, por el ruido infernal que parecía desplazar cualquier idea del cerebro, tampoco hubo, durante ese indefinido pero extenso lapso, posibilidad de acuñar algunos pensamientos, ciertas reflexiones; de aquella experiencia sólo quedaban sensaciones, profundos recuerdos de angustia y de dolor. Casi ninguna otra idea.

De aquellas notas habría de surgir todo un cuadernillo de deshilvanadas reproducciones de aquel tiempo. Cuando recogieron su cadáver, algún rescatista se echó en el bolsillo trasero del pantalón el cuadernillo. Nadie más reparó en él. En los diarios se habló, durante tres o cuatro días, de lo que mencionaba la policía: pudieron haber sido ocho meses o un año, acaso más, lo que duró aquella situación para el hombre desconocido que resultó víctima de no sabía quienes, ni por qué.

Si se les hubiera ocurrido preguntar a los rescatistas hubieran localizado al hombre que se llevó la libreta, y en ella hubieran encontrado, sin duda, la clave del misterio. Pero no lo hicieron. Ni el hombre que se hizo del manuscrito tuvo la sensibilidad para desentrañar aquellos mensajes. No le interesaron. No le importó que el autor de esos trazos pretendía comunicarse desde aquél más allá con el resto del mundo; ni mucho menos que algunas de las informaciones tuvieran como referente a familiares, amigos o vecinos. Si eso no les interesó, ya ni qué decir de los momentos, así fueran breves, en que desde aquél agujero pretendió tocar la inmortalidad con dos o tres frases bien pulidas.

El rescatista, luego de hojear la libretitita y desprender de ella un bostezo, se encaminó al calentador de leña y la arrojó al fuego. Mientras desaparecían aquellos indicios, se tumbó en la hamaca a leer su diario deportivo.

Casi al mismo tiempo, las autoridades correspondientes llevaban al cabo el depósito del cuerpo, en la fosa común, de quien no pudo ser identificado.